Los mineros chilenos sabían de la precariedad de vivir bajo la tierra. Los nenes tailandeses se encontraron con ella en un paseo. Por Silvina Heguy.

La fragilidad de los cuerpos nunca es tan evidente como bajo tierra. Lo que se da por descontado sobre la superficie, en el rincón que se logró sobrevivir es indispensable. El aire se mide con exactitud, la luz del sol se intenta recrear con lámparas y cada imagen que refleja la precariedad de las cámaras se llena de interpretaciones privadas -“se lo veía bien”, “estaba triste”-. La fragilidad es esperanza en cada envío desde “arriba” y terror ante la magnitud del peligro del desmoronamiento de esa masa compacta que selló el contacto. Pasa con los doce pibes tailandeses y su entrenador, que están siendo rescatados de la cueva de Tham Luang, y con los 33 mineros en

Chile

hace ocho años.

Dos semanas en Asia y 69 días en América del Sur repletos de llantos, angustias, esperas desesperadas de familiares y amigos y del mundo, ese global, que vuelve a seguir desde cada casa -y a miles de kilómetros de distancia- el rescate. Los mineros sabían de la precariedad de vivir bajo la tierra, los pequeños futbolistas tailandeses se encontraron con ella en un paseo. A los dos grupos los amenaza la imprevisibilidad de la naturaleza. En

Tailandia

, las lluvias torrrenciales. En

Chile

era la “camanchaca”, esa niebla espesa del desierto, que hacía que el suspiro de alivio ante cada uno de los rescatados se transformara en angustia porque todavía no habían salido todos. Afuera, en

Chile

como en

Tailandia

, los altares religiosos y paganos con dibujos, fotos e imágenes convocaban a cada familia en un abrazo durante la operación de salvataje. Piden, como pedían en

Chile

, lo que puso en palabras hace unas horas Mario Sepúlveda, uno de los mineros rescatados en 2010: un milagro. “El mundo necesita saber que los milagros existen”, fue su mensaje ante la trampa de la cueva Tham Luang. Al menos hasta que los rescatistas puedan terminar su tarea. Hasta el último momento, hasta que logren salir todos. 
 
Silvina Heguy, en 2010, cubrió el rescate de los 33 mineros chilenos.

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